El diagnóstico de infertilidad puede generar una de las mayores crisis en la pareja. Al tomar la decisión de concebir un/a hijo/a no se contempla la posibilidad de que existan dificultades. Por ello, la noticia provoca una desestructuración del futuro y nacen sentimientos de frustración.

Hombres y mujeres viven el proceso de la búsqueda del hijo/a en TRA de manera muy distinta.
La mujer recibe una invasión en su estado físico y un desajuste en su vida diaria (inyecciones, tratamiento hormonal, quirófano, etc.).
Los hombres no sufren cambios, salvo quienes requieren biopsia testicular. Su participación se limita a acompañar a su pareja a lo largo del proceso. De igual forma ocurre a nivel emocional.

En general, las mujeres tienen una vivencia de la infertilidad más negativa, incluyendo bajos niveles de autoestima, de identidad, salud, y altos niveles de depresión, estrés, ansiedad y culpa. Asimismo, diversos estudios establecían, que cuanto mayor era la percepción de apoyo para ambos, menor era el sentimiento de estrés debido a la infertilidad. Por ello, concluyen en la necesidad de apoyo a la pareja en procesos de infertilidad.

 

Con respecto a las estrategias de afrontamiento, las mujeres tienden a focalizar, entender y expresar sus sentimientos, buscar apoyo social. Los hombres, tienden a ser más evitativos. Esta desigualdad respecto a la vivencia de la infertilidad, tanto físicas como emocionales, junto a las diferencias de la asunción de roles y las propias de la personalidad de cada uno genera tensión en la pareja.

Cuando la mujer descubre la infertilidad siente presión social proveniente de ideologías culturales, del rol femenino en la sociedad, basadas en la importancia de la maternidad como función social. Para la mujer, no tener un adecuado funcionamiento para concebir constituye un golpe para su autoestima.

El hombre, también se siente afectado por la infertilidad, disminuyendo su autoestima, pues no se siente “completo”, ya que, en nuestra cultura, tener hijos/as es un símbolo de masculinidad y de existencia de relaciones sexuales.

Una estrategia global que puede contribuir al buen funcionamiento de la pareja durante el proceso de búsqueda de la fertilidad, consiste en el cuidado de ambos, así como el cuidado del uno hacia el otro: aprender a mirarse, reconociendo las luces y sombras propias, así como aceptando las del/la otro/a; desarrollar una escucha activa; tener una mirada compasiva y sin juicio, continuar teniendo momentos de disfrute destinados a sí mismos por separados y a la pareja en su conjunto, ejercer un pacto de no agresión…

 


El hecho de saber escuchar constituye una habilidad que contribuye a mantener unida a la pareja
. Aun en medio de una acalorada discusión, cuando tanto la mujer como el marido son presa de un secuestro emocional, él, ella o, en ocasiones, ambos a la vez, podrían reconducir la situación tratando de serenarse y respondiendo positivamente a cualquier intento conciliador.

La empatía, que consiste en escuchar los sentimientos reales subyacentes al mensaje verbal, es el modo más eficaz de escuchar sin adoptar una actitud defensiva.

Existe un método muy eficaz, utilizado con frecuencia en la terapia de parejas, que se denomina “reflejar” y que permite establecer una escucha emocionalmente adecuada. Cuando un miembro de la pareja expresa una demanda, el otro debe reformularla en sus propias palabras, tratando de expresar no sólo los pensamientos sino también los sentimientos subyacentes implicados.


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